Viernes, cinco de la tarde. Todo el equipo está agotado. La meta de la semana aún se ve lejos y nadie se atreve a romper el silencio. En ese momento se abre la puerta de la sala de reuniones y entra alguien. Aún no ha tomado asiento y el ambiente ya cambió.
"A ver, ¿qué podemos hacer en el tiempo que queda hoy? Yo todavía tengo energía. Vamos juntos."
Alguien suelta una risita. Otro piensa: "Con esta persona aquí, algo se nos ocurrirá." Y así sucede. Dos horas después, la meta está, milagrosamente, alcanzada, y en el centro de todo sigue habiendo alguien con energía de sobra.
Esto es el Expresivo-Impulsivo. Una vez encendido, no se detiene, y arrastra consigo a quienes lo rodean, encendiéndolos también. Esta persona no sabe muy bien cómo apagar ese fuego. Pero el mundo necesita ese fuego en ciertos momentos. Cuando nadie se mueve, cuando nadie tiene la certeza, cuando alguien tiene que dar el primer paso. Es la persona que se levanta primero.